Javier Rosell.
Estos días no paran de salir informaciones en los periódicos sobre el posible rescate de España por parte de la UE y el FMI. Tenemos una deuda pública menor que muchos países de la zona euro, nuestros bancos alardean de ser los más saneados y fuertes (podían preguntar a los clientes de Banif), y nuestros políticos no paran de lanzar mensajes de tranquilidad a los mercados. ¿Por qué esos rumores? Por nuestra culpa. El mayor problema de economía española reside en la desconfianza que tiene el mercado. Éste, llámese inversores o especuladores, es el que financia la deuda que emite el Estado. Si no confía en España, sube la prima de riesgo y tendremos que pagar más intereses.
¿Por qué la desconfianza? Porque no creen a nuestros gobernantes, porque no creen en nuestra oposición, porque no confían en nuestra sociedad. Nosotros tampoco. En Alemania los dos grandes partidos se unieron en una gran coalición y juntos cambiaron la Constitución para prohibir el déficit público. ¿Lo ven posible en España? No. Partimos de la base de que la sociedad tacha, no sin razón, a los políticos de ladrones chupasangre a quienes sólo les interesa el poder, unos sueldos vitalicios y vivir bien. Pero nosotros también tenemos nuestra parte de culpa.
Sabíamos que no era normal ver obreros de la construcción con Mercedes Benz, jóvenes comprando chalés de 70 millones, curritos con teles de 42’’ y todas las videoconsolas posibles. Vivimos durante unos años por encima de nuestras posibilidades, endeudándonos hasta las orejas con hipotecas y préstamos personales que pagaban préstamos anteriores que no podíamos pagar. Estábamos muy bien y no quisimos abrir los ojos. Cuando estalló la burbuja, la culpa era de los políticos y de los bancos. Entonemos también el mea culpa.
Ahora pedimos a los políticos que nos saquen de ésta. Pero no sólo son ellos los encargados de tirar del carro. Los empresarios han utilizado la crisis para soltar lastre, despedir trabajadores y apretar al máximo a los que quedaban. La economía sumergida, desmedida antes de la crisis, aflora de nuevo. Si podemos estafar a Hacienda lo hacemos, si podemos colarnos en el Metro lo hacemos, si podemos pagar a un fontanero sin factura lo hacemos.
Hace falta un cambio de mentalidad. La situación es complicada y si no empujamos todos, España no va a salir adelante. Hay quien dice que los políticos son un espejo de la sociedad que representan. Hagámosles ver que se equivocan.































