Crítica de cine: 'Drive'
29 / dic / 2011 - Raúl Masa.
La soledad no distingue en su búsqueda de la presa perfecta, y Ryan Gosling sufre en 'Drive' la perfecta compañía de sus sentimientos encontrados entre la ira y el amor, o la reconciliación y el perdón.
Hay momentos en los que el ser humano tiene la vital necesidad de sentirse solo, aislarse, protegerse asimismo de todo y ante todo. Buscar un lugar en el mundo que nos hace únicos y exclusivos, y del que nadie ni nada puede separarnos. Unos lo encuentran en la fe, otros en las drogas y el alcohol, y algunos, como Ryan Gosling en 'Drive', lo encuentran al volante.
Que 'Drive', Ryan Gosling y alguien más del reparto se levantará para recoger alguna estatuilla en el Kodak Theatre es algo evidente, aunque por otro lado dudoso, paradojas, sí. La película, muy avalada por la crítica, ha conseguido aunar el entretenimiento que buscan algunos, con la delicadeza visual y cinematográfica que buscan otros.
Encuadres, fotografía, todo un homenaje al cine de los 80' y que de resfilón y sin pretenderlo, trunca la historia de Gosling con la del personaje Travis Bickle en 'Taxi driver'. Sería muy osado no ver esa angustiosa soledad que cruje en las tripas de ambos personajes. Pero no solo eso, la necesidad de amar también se encuentra latente.
De hecho, en 'Driver' es tan importante como la violencia explícita en muchas de sus secuencias, la búsqueda de un amor engarrotado y casi imposible que lastra al personaje principal durante todo el metraje.
Con una Carey Mulligan que hace muy bien el papel de mujer valiente y luchadora, sin duda es Ryan Gosling el que lleva sobre sus espaldas una película que no debe ni puede dejar indiferente a nadie.
Auténtica joya por sorpresa que nos brinda el director, Nicolas Winding Refn, que se ha sacado de la manga un producto redondo que constantemente deja con la sensación de impotencia ante la virulencia desmedida de unos actos violentos que entroncan con una bonita historia de amor suspendida por un futuro incierto.
La soledad no distingue en su búsqueda de la presa perfecta, y Ryan Gosling sufre en 'Drive' la perfecta compañía de sus sentimientos encontrados entre la ira y el amor, o la reconciliación y el perdón.Hay momentos en los que el ser humano tiene la vital necesidad de sentirse solo, aislarse, protegerse asimismo de todo y ante todo. Buscar un lugar en el mundo que nos hace únicos y exclusivos, y del que nadie ni nada puede separarnos. Unos lo encuentran en la fe, otros en las drogas y el alcohol, y algunos, como Ryan Gosling en 'Drive', lo encuentran al volante.
Que 'Drive', Ryan Gosling y alguien más del reparto se levantará para recoger alguna estatuilla en el Kodak Theatre es algo evidente, aunque por otro lado dudoso, paradojas, sí. La película, muy avalada por la crítica, ha conseguido aunar el entretenimiento que buscan algunos, con la delicadeza visual y cinematográfica que buscan otros.
Encuadres, fotografía, todo un homenaje al cine de los 80' y que de resfilón y sin pretenderlo, trunca la historia de Gosling con la del personaje Travis Bickle en 'Taxi driver'. Sería muy osado no ver esa angustiosa soledad que cruje en las tripas de ambos personajes. Pero no solo eso, la necesidad de amar también se encuentra latente.
De hecho, en 'Driver' es tan importante como la violencia explícita en muchas de sus secuencias, la búsqueda de un amor engarrotado y casi imposible que lastra al personaje principal durante todo el metraje.
Con una Carey Mulligan que hace muy bien el papel de mujer valiente y luchadora, sin duda es Ryan Gosling el que lleva sobre sus espaldas una película que no debe ni puede dejar indiferente a nadie.
Auténtica joya por sorpresa que nos brinda el director, Nicolas Winding Refn, que se ha sacado de la manga un producto redondo que constantemente deja con la sensación de impotencia ante la virulencia desmedida de unos actos violentos que entroncan con una bonita historia de amor suspendida por un futuro incierto.
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