25 de febrero de 2010

Roma eterna (II)

Héctor Rubio / Madrid.

Seguimos por nuestro particular paseo por Roma...

Plazas y fuentes

Vámonos de plazas. Roma es conocida por sus plazas y también por sus fuentes. Un lugar que engloba las dos cosas es Piazza Navona que cuenta con tres fuentes de Bernini aunque la principal es la Fuente de los Cuatro Ríos (ahora mismo y para mi desgracia en obras) que se encuentra en el centro de la plaza. Subiendo hacia el norte nos encontramos la Piazza di Spagna con su famosa escalinata y el Palacio Borghese, sede de la embajada española.

Un poquito más arriba llegamos a la Piazza del Pópolo donde encontraremos, aparte de otro obelisco egipcio de turno, las conocidas como iglesias gemelas: Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto.

En el camino a pie entre la Plaza de España y la del Pópolo nos toparemos con la mayor y más ambiciosa de las fuentes barrocas romanas, la Fontana di Trevi. Con 25,9
metros de alto y 19,8 de ancho, la fuente tiene suficiente capacidad como para contener las miles de monedas que los turistas echan de espaldas cada día pidiendo un deseo.

En Piazza Venezia se haya uno de los lugares de obligada visita para todo turista, el Monumento Nazionale a Vittorio Emanuele II. La estructura mide 135 metros de ancho y 70 metros de altura (incluyendo la cuadriga y las alas de las diosas llega a 81 metros) se alzó en honor del primer rey de la Italia unificada. En la fachada se encuentra una inscripción al soldado desconocido cuyas antorchas nunca dejan de arder.

Otro lugar emblemático, que aunque no sea ni plaza ni fuente pero si está relacionado con el agua (Dicen que es una tapa de alcantarilla), es la famosa Bocca della Verità. Muchos la recordaréis por la escena de “Vacaciones en Roma” cuando Gregory Peck mete la mano y la esconde por debajo de su manga asustando a la bellísima Audrey Hepburn. Y es que según dice la leyenda la boca se comería la mano de los mentirosos y Peck, mentía.

Recordando el Imperio Romano

No hay nada que consiga evocar mejor el esplendor del imperio romano que el conjunto del Coliseo y el Foro. Bajando de la estación homónima o a pie desde San Pietro in Vincoli se alza majestuoso el gran Colosseo, nombre popular del Anfiteatro Flavio. Si eres un poco cinéfilo recordarás la mítica pelea entre Bruce Lee y Chuck Norris en la película “El Furor del Dragón (1972)” o más recientemente a Russell Crowe encarnado al general Máximo en “Gladiator (2000)” peleando por su honor en la arena. Una vez dentro realmente tienes la impresión de ver a gladiadores y fieras, de oírles gritar, de ver su cara esperando a que el emperador subiera o bajara el dedo marcando su sino.

Justo al lado se alza el imponente Arco de Constantino que da pie al gran conjunto del Foro Romano, donde encontrarás numerosos restos de edificios públicos, templos, el famoso Arco de Tito o la Vía Sacra, la calle principal de la Roma antigua que conducía desde la cima del Monte Capitolino al gran Coliseo.

Como dijo el poeta y escritor danés Hans Christian Handersen: “Roma es como un libro de fábulas, en cada página te encuentras con un prodigio”. Así que si rememoramos nuestros tiempos de estudiantes, Roma sería lectura obligada.

Ciao Roma! Ciao Bella!

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