30 de julio de 2009

Crítica: Gran torino

José Hernández / Murcia

Los directores de cine más respetados suelen dotar a todas sus películas de puntos en común que las identifican como obras del mismo autor. Sean intereses temáticos, recursos estilísticos o una mera sensación de identidad, todos cuentan con algún elemento definitorio. En el caso de
Clint Eastwood, esto se multiplica exponencialmente cuando además de dirigir actúa en sus películas. Y es que sus personajes suelen ser fotocopias ligeramente alteradas del mismo patrón. Gran Torino no es una excepción, si acaso el ejemplo más claro de esto: sin mucho esfuerzo, se la podría considerar una secuela no declarada de El Sargento de Hierro.

En la película de 1986, Thomas Highway era un veterano de Corea y Vietnam que había sido relegado a entrenar cadetes. Era huraño, solitario y malhablado, estaba lleno de prejuicios contra otras razas y contra los jóvenes, vivía con un mal humor permanente y era incapaz de seguir órdenes o aceptar consejos. Un cascarrabias ególatra, pero tan carismático que resultaba entrañable.

Veinte años después tenemos a Walt Kowalski, que es exactamente igual, pero más viejo. Lo único que ha evolucionado es que la edad le ha afectado: sus exabruptos son ahora más suaves, más políticamente correctos; sus apodos son más para molestar que para insultar; su memoria y su energía se han resentido; y ahora vive jubilado y sin saber qué hacer con su tiempo. Pero su pasado militar, sus prejuicios y su naturaleza gruñona siguen incólumes. Sólo han modificado su vida personal para hacer que sea viudo en lugar de divorciado. El resultado es básicamente el mismo: añora a su mujer aunque le cuesta admitirlo ante los demás, y se refugia en una soledad que le atormenta, ahora más grave aún al no tener ninguna ocupación.

Pero no sólo su personaje, también el argumento de la película se desvela como secuela a poco que se lo analice. De hecho, sigue fielmente los dictados extraoficiales de toda segunda parte, a saber, que se debe repetir la estructura que tanto éxito tuvo la primera vez. En este caso tenemos a un viejo cabreado con la sociedad y lleno de prejuicios, que se ve obligado a convivir y colaborar con los objetos de su odio, y en el proceso vence sus suspicacias y se convierte en mejor persona. Como buena secuela, incluso se ha ampliado el abanico de los “no tan malos” en cuestión: antes eran sólo jóvenes, ahora son jóvenes y además de una etnia minoritaria. Y siempre los une un enemigo común, sean militares de alto rango o meros criminales de baja estofa, que busca hacerles la vida imposible por un odio irracional (porque no surge por motivos concretos, sólo porque el guionista así lo quiere para que avance la historia).

En cualquiera de las dos películas se trata de una historia que Hollywood nos ha contado mil veces, plagada de tópicos y convencionalismos, con un desarrollo sin sorpresa alguna que a estas alturas sería más propio de un telefilme cualquiera. La cinta sólo se sostiene gracias a la pausada labor de Eastwood tras la cámara y al carisma que su personaje desprende. O lo que es lo mismo, porque Clint hace de Clint otra vez, pero en esta ocasión suavizado por la vejez, una versión light para que todo el mundo se sienta cómodo cuando suelte sus desplantes y bufidos. Porque saben que no va a decir nada demasiado ofensivo, ni la película va a ser demasiado violenta, y el final va a ser de los que te hacen sentirte bien. Puro consumismo hecho de cara a la taquilla, bien rodado, pero también inofensivo e insustancial.

5 Response to "Crítica: Gran torino"

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Rosario Says....

Joder, y yo qué sólo había leido que era una obra maestra... Entonces, ¿me recomiendas que la vea? Imagino que es normal que al final algo se le repita, ¿no? Además, han pasado tantos años de la otra que pocos se acordarán y habrán caido en su parecido...

Buen artículo Pepe!

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José Hernández Says....

A ver, si te gusta Clint, te gustará la peli. Sobre todo si eres de esas que de un lustro a esta parte lo ha subido a los altares de la divinidad como si nunca hubiese hecho una mala película, o una peli comercial más.

Si la ves en VO mejor, porque el doblaje de los orientales es para arrancarse los oídos. Aunque he leído que en VO son igual de mal actores.

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Rosario Says....

jajajaja! la verdad, la única película que he visto de Clint fue "Million Dollar Baby", y sí, me gustó. La veré por aquello de decir que no he visto sólo una :)

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Anónimo Says....

para mí, sin duda, la mejor que he visto de Eastwood es Mystic River, aunque ninguna que haya visto de él me deja indiferente. Por supuesto, Gran Torino es una gran pelicula

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Anónimo Says....

A los buenos actores, al igual que a los buenos músicos, hay que respetarlos siempre. Puede que sea comercial y se repitan las historias pero lo mismo ocurre con las noticias o los periodistas. Y si no me creeis sintonizar la radio estos días de agosto o la TV y veréis como todo son reportajillos sobre ls diferentes sabores de helado, operación salida, altas temperaturas, golpes de calor y etc. La cuestión no es contar siempre lo mismo, sino contarlo diferente, con la capacidad de adaptarse a los tiempos y de reinventarse. Y eso Clint Eastwood lo sabe hacer de sobra.
Enhorabuena por el artículo, pocos saben realizar un buen análisis, con reflexión incluida. Se nota que entiendes del tema. Besos

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