7 de octubre de 2009

Malditas

Antonio Andreu / Murcia.

La vida no te puede ir mejor. Eres el central indiscutible de tu equipo y estás jugando la vuelta de la semifinal de la Copa de Europa en Old Trafford. Sacas el balón con maestría, recordando a los grandes centrales argentinos, y te anticipas al cruce como lo hace el melenudo que te acompaña en la zaga. Todo marcha bien. No puede ir mejor. Hasta que vuelves a escuchar ese sonido, el mismo que ya oíste en tu época en Independiente. El sonido de una sábana cuando se rasga. Tu cuerpo cambió de dirección. Todo tu cuerpo menos tu pierna, que se ancló al césped rompiendo de nuevo, otra vez, tu rodilla.

Balón dividido. Tienes 23 años y es tu primera temporada en el Zaragoza. Eres un central prometedor. Hoy debutas en el Bernabéu. No lo dudas. Acudes decidido al despeje. El portugués viene a la carrera, tiene opciones de ganar, pero decide protegerse poniendo su pie en forma de plancha. Amortigua el golpe con los brazos y lanza hacia delante los tacos de su bota derecha. Tú consigues golpear el balón pero tu rodilla recibe un brutal impacto. Escuchas ‘crack’. La tienes totalmente machacada.

Lloras porque sabes lo que te espera. Vas directamente al hospital y en tu cabeza ya dibujas un quirófano. Esperas. Estás roto de dolor pero la rodilla apenas te duele. Lástima que no se inventaran anestésicos para otras cosas. Aparecen los médicos, las radiografías y el traje verde. Entras en la sala y dejas fuera a tu familia. Tus botas aún huelen a hierba mientras los doctores te atan con velcro para evitar que te muevas. Abren tu pierna y trabajan para recuperar su mecánica. Lo hacen con tornillos. La operación durará una hora.

Sales medio dormido, medio drogado por el líquido que tenía aquel suero. No sientes tu pierna, tu bendita pierna de futbolista. La anestesia va dejando de hacer efecto y ahora sí ya no aguantas el dolor. Cuchillos se clavan en tu rodilla, o eso crees, y muerdes la almohada con tus padres y tu entrenador al lado. Son dos horas de sufrimiento hasta que consigues dormirte. Y dos horas más pasan hasta que vuelves a despertarte. Cierras los ojos y contemplas aquella jugada como el minusválido recuerda la escena en la que se agachó a coger de la guantera el disco de U2. “No tenía que haberme girado”, “No tenía que haber peleado aquel balón”, se dicen unos. “No tenía que haberme distraído de la carretera”, maldice el otro.

Dejas atrás el hospital, sus simpáticas enfermeras y su exquisita comida. Vuelves a casa y por fin vuelves a jugar al fútbol… lo haces con las manos, en los mandos de la Play Station. Durante cinco meses tu pierna, esa bendita pierna de futbolista, está cubierta por escayola. Gracias a Dios, por fin, te le retiran. “Ésta no es mi pierna, es una caña”. Rígida y delgada, lista para conocer a la persona a la que más odiará en los próximos cuatro meses: el fisioterapeuta. Él aprieta con fuerza y tú chillas, pero el objetivo del día está cumplido, la rodilla se dobla un centímetro más. Así todos los días de la semana. Así todas las semanas del mes. El gimnasio es tu segunda casa. Te machacas para fortalecer y concluyes la recuperación no sin antes regalarle tu camiseta dedicada a ese ‘fisio’ que tanto te hizo sufrir.

Llegó la hora de decidir si quieres volver a ser lo que fuiste. Lo meditas mirando una cicatriz de siete centímetros que te recuerda, como un fantasma, por lo que has pasado. Sabes que habrá más giros inoportunos, más disputas de balones divididos y más adversarios sin conciencia. Lo sabes pero amas el fútbol. Quieres intentarlo. Quieres volver sin el rencor de Roy Keane, que persiguió como un sicario hasta lesionar a la persona que a él lo había lesionado. Tú ya has perdonado. El césped inglés y el galáctico portugués están liberados de culpa. Sólo quieres disfrutar de tú deporte. Gaby Milito está en ello y César Jiménez, tras pasar cuatro veces por el quirófano, ha desistido.

He aquí mi homenaje a los dos y a todas las personas que han visto la cara fea del deporte. Benditos ellos, los que juegan, Milito, César Jiménez, Marc Bertrán, Arango, Manuel Pablo, Juninho, Eduardo Da Silva, Maradona,... Malditos los otros, los que pegan y lastiman, Figo, Drenthe, Javi Navarro, Giovanella, Michel Salgado, Martin Taylor, Goicoetxea,… Malditas las lesiones.

"Dedicado a mi hermano Luis, lesionado del tendón rotuliano hace diez meses, para que vuelva a sorprenderme pronto con sus jugadas y sus goles".

4 Response to "Malditas"

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Rosario Says....

Eres GRANDE! Es totalmente diferente a lo que habías escrito antes y sin embargo de deja el mismo sabor a miel y a elegancia que te deja cualquiera de los otros. Hoy me declaro publicamente tu fan! Llegaras Lejos Andreu! ENHORABUENA

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Anónimo Says....

Basta de adulaciones.

Andreu es un crack pero tiene un problema... madriditis. Y eso tarda en curarse.

R.M.

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Anónimo Says....

Aqui les dejo un video de un ejemplo a evitar en el nombre del fútbol.

http://desarrollo.tu.tv/videos/la-entrada-de-dani-alves

Yo tengo barcelonitis, jejejej.

Andreu, ya empezaba a pensar que habias olvidado a los de ahi abajo y no volverías a escribir a ras del pasto por donde comen los caballos, recuerda que es ahi, donde uno se hace grande, PUTA!!! Dadme un portatil qué me lo como!! jejeje

AS

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Anónimo Says....

Andreu, esperamos una respuesta con respecto a la entrada de Alves...

R.M.

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